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Sirena

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Ulysses and the Sirens by H.J. Draper.jpg
En la mitología griega, las sirenas (Griego en singular: Σειρήν Seirēn;[1] Griego en plural: Σειρῆνες Seirēnes) fueron criaturas tan bellas como peligrosas mostradas como mujeres fatales que atraían a los marineros cercanos con su música y voces encantadoras para naufragar los barcos en la costa rocosas de su isla. Los poetas romanos los situaron en las pequeñas islas llamadas Sirenum scopuli. Poco después, en tradiciones racionalizadas, se fija la geografía literal de la isla "florida" de Antimusa: a veces en la Punta del Faro en Sicilia y otras en las islas conocidas como le sirenuse (o de Li Galli), cerca de Paestum y Capri. Todos estos lugares estaban rodeados por acantilados y rocas.

Cuando las sirenas recibieron un nombre propio, se les consideró hijas del dios río Aqueloo y, bien con Terpsícore, Melpómene, Estérope o la Madre-Tierra (diosa ctónica). En la obra de Eurípides, Helena, Helena angustiada llama a damas aladas, hijas de la tierra. Aunque atraían marineros, los griegos representaron a las sirenas en su prado cubierto de flores y no como deidades marinas. Los escritores romanos relacionaron más aún las sirenas con el mar, como hijas de Forcis. Las sirenas se encuentran en muchas historias griegas, particularmente en la Odisea de Homero.

Su número es variable, presentándose entre dos y cinco. En la Odisea, Homero no dice nada de su origen ni sus nombres, pero dice que son dos. Escritores posteriores mencionan sus nombres y números. Algunos afirman que había tres:

Estos nombres pueden variar ligeramente de una fuente a otra.

Sirenas y muerteEditar

The Siren.jpg

Según Ovidio (Metamorfosis V. 551), las sirenas eran las compañeras de la joven Perséfone. Deméter les dio alas para buscar a Perséfone cuando fue secuestrada. Sin embargo, en la Fábula de Higino, Deméter maldice a las sirenas por fallar al intervenir en el secuestro de Perséfone.

A las sirenas les llamaron las musas del mundo inferior. Walter Copland Perry observó: "Su canción, aunque irresistiblemente dulce, no era menos triste que dulce, y bañaba tanto el cuerpo como el alma en un fatal letargo, precursor de la muerte y corrupción". Su canción llama continuamente a Perséfone. El término "canto de sirena" se refiere a una llamada a la que es difícil resistirse, pero a la que si se sigue, llevará a un desastre. Escritores posteriores han insinuado que las sirenas eran caníbales, basado en la descripción de Circe "recostadas allí en su prado, rodeadas de montones de cadáveres putrefactos, pedazos de piel marchitándose en sus huesos". Como señala Jane Ellen Harrison de "Ker como sirena":"Es extraño y precioso que Homero hiciera que las sirenas apelaran al espíritu y no a la carne". "El canto de sirena es una promesa a las verdades mánticas de Odiseo: con la falsa promesa que vivirá para contarlas, ellas cantan".

Cita inicio.pngEa, célebre Odiseo, gloria insigne de los aqueos! Acércate y detén la nave para que oigas nuestra voz. Nadie ha pasado en su negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca; sino que se van todos después de recrearse con ella, sabiendo más que antes; pues sabemos cuántas fatigas padecieron en la vasta Troya argivos y teucros, por la voluntad de los dioses, y conocemos también todo cuanto ocurre en la fértil tierra.Cita final.png

~ Sirenas


Harris observó: "Son criaturas mánticas como la esfinge, con la que tienen mucho en común, conociendo tanto el pasado como el futuro". "Su canción tiene efecto al mediodía, con el viento en calma. El fin de esa canción es la muerte". El que la carne de los marineros se pudra sugiere que no se los comen. Eso sugiere que, con sus plumas robadas, su naturaleza divina sigue viva, pero incapaz de proporcionar comida a los visitantes, que mueren de hambre al negarse a irse.

Según Higinos, las sirenas estaban condenadas a vivir solo hasta que los mortales que oyeran sus canciones fueran capaces de ignorarlas.

AparienciaEditar

Sirena de Canosa s. IV adC (M.A.N. Madrid) 01.jpg

Sirena de Canosa

Se creía que las sirenas combinaban características de aves y mujeres. En el arte griego temprano, las sirenas eran representadas como aves con grandes cabezas femeninas, grandes plumas y pies escamosos. Posteriormente, se le representaban como figuras femeninas con piernas de ave, con o sin alas, tocando distintos tipos de instrumentos musicales, especialmente arpas. En la enciclopedia bizantina del siglo X de Suda dice que de pecho hacia arriba tenían forma de gorriones y por debajo de mujer o, alternativamente, que eran pequeñas aves con rostros femeninos. Se escogieron las aves por sus bellas voces. Después se representaron como bellas mujeres cuyos cuerpos, no solos sus voces, eran seductoras.

El historiador romano del siglo I, Plinio el viejo, afirmó que las sirenas eran pura fábula, aunque Dinón, el padre de Clearco, un reputado escritor, asegura que existen en la India, y que encantan a los hombres con sus canciones y, cuando los sosiegan, los despedazan". En sus cuadernos, Leonardo da Vinci escribió sobre las sirenas: "la sirena canta dúlcemente calmando a los marineros; entonces sube al barco y mata a los marineros dormidos".

En 1917, Franz Kafka escribió en El silencio de las sirenas: "Ahora las sirenas tienen un arma más fatal que su canción, llamado su silencio. Y aunque es cierto que nunca ha pasado tal cosa, es concevible que alguien haya escapado de su canción, pero nunca de su silencio".

Se decía que la llamada "sirena de Canosa" de Italia acompañaba a los muertos a través del ajuar funerario en el entierro. Parecía tener características de psicopompo, guiando al muerto en su viaje post-morten. La figura de terracota presenta trazas de su pigmento blanco original. La mujer tiene los pies, alas y colas de un ave. La escultura se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, España.

Encuentros con sirenasEditar

En Argonáuticas (891-919), Quirón avisa a Jasón que necesitará a Orfeo en su viaje. Cuando Orfeo oye sus voces, saca la lira y toca una música más bella que la suya, acallando sus voces. Sin embargo, Butes escucha la canción y salta al mar, aunque es salvado por la diosa Afrodita.

Odiseo tenía curiosidad sobre lo que le cantaban las sirenas, por lo que siguiendo el consejo de Circe, les tapó los oídos a todos los marineros con cera de abeja y atarle al mástil. Ordenó a sus hombres a dejarle fuertemente atado al mástil, sin importar cuanto lo pidiera. Cuando escuchó la bella canción, ordenó a los marineros a desatarle, pero lo ataron más fuerte. Cuando dejó de oírse su canto, Odiseo pidió que lo liberaran mostrando un ceño fruncido.

Sirena.jpg

Sirenas

Algunos autores posteriores a Homero afirman que las sirenas estaban destinadas a morir si alguien escuchaba su canto y escapaba, y que cuando Odiseo lo hizo, se arrojaron al mar y murieron. También se dice que Hera, la reina de los dioses, persuadió a las sirenas para entrar en una competición de canto con las musas. Las musas ganaron la competición y entonces les arrancaron las plumas para hacerse coronas con ellas. Tras perder la competición, según Esteban de Bizancio, las sirenas se volvieron blancas y cayeron al mar de Áptera ("sin alas"), donde formaron las islas de la bahía llamada Leukai (ahora Suda), que significa "blanco".

Creencia cristianaEditar

En el siglo IV, cuando las creencias paganas fueron superadas por la cristiandad, se desalentó la creencia en las sirenas. Aunque Jerónimo, quien pronunció la versión latina de la Vulgata de las Escrituras, usó la palabra "sirenas" para traducir el tenim (Chacal) hebreo en Isaías 13, 22, y también para traducir la palabra "buhos" en Jeremías 50, 39, siendo explicado por Ambrosio como un mero símbolo alegórico de las tentaciones terrenales, no una incorporación de un mito griego. " La interpretación evemérica cristiana temprana de las criaturas humanas mitologizadas recibió un apoyo duradero de Etimologías de Isidoro de Sevilla. "Las sirenas fabulan haber sido tres, en parte doncellas en parte aves, una de ellas con su voz, otra con flauta, la otra con lira así atraían al naufragio a los fascinados navegantes; más en verdad fueron unas meretrices que arruinaban a los viajeros y éstos se veían en la necesidad de encubrirse fingiendo tales naufragios". Tenían alas y garras, porque el amor vuela y hiere. Se dice que permanecían en las olas porque una ola creó a Venus.

Se sigue usando a las sirenas como símbolo de la tentación peligrosa personificada por una mujer en el arte cristiano de la época medieval; sin embargo, en el siglo XVII, algunos escritores jesuitas empezaron a asegurar su existencia, incluyendo Cornelio a Lapide, quien decía de la mujer que "su mirada es la del mítico basilisco, con la voz de una sirena de voz con su voz que encanta con su belleza, ella se priva de la razón, la voz y de la vista tanto la destrucción de trato y la muerte." Antonio de Lorea también argumentó su existencia, y Atanasio Kircher afirmó que debieron construirse compartimentos del arca de Noé para ellas.

El tema de las míticas criaturas femeninas buscando seducir a los hombres con sus bellos cantos se repite en la balada danesa conocida como "Elvehøj", en el que los cantantes son elfos.

Charles Burney expuso en torno a 1789, en Una historia general de la música: "El nombre, según Bochart, deriva del fenicio, implicando una cantante. Por lo que es probable, que en tiempos antiguos hubiera excelentes cantantes, pero de moral corrupta, en las costas de Sicilia quienes, seduciendo a los viajeros, dieron origen a esta fábula. John Lemprière en su Diccionario Clásico (1827) escribió: "Algunos suponen que las sirenas eran un grupo de mujeres lascivas en Sicilia, que se prostituían para extranjeros, y les hacían olvidar sus metas mientras los ahogaban en placeres ilícitos. La etimología de Bochart, quien deduce el nombre del término fenicio para cantante, favorece la explicación de la fábula dada por Damm. Este distinguido crítico hace las sirenas excelentes cantantes, y despoja la fábula de todos sus detalles terroríficos, suponiéndo que con los encantos de su música y canciones mantenían a los viajeros y les hacían olvidar su tierra natal".

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