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Serafin.jpg

Representación de un Serafín por Víktor Vasnetsov.

Un serafín ("el ardiente"; Hebreo: שָׂרָף śārāf, plural שְׂרָפִים śərāfîm; Latín: seraphim y seraphin (plural), también seraphus (-i, m.);[1] Griego: σεραφείμ serapheím) es un tipo de criatura celestial en el cristianismo y judaísmo.

La tradición sitúa a los serafines en mayor rango de la jerarquía angelical cristiana y en el quinto rango de diez de la jerarguía angelical judía. Un pasaje seminal en el Libro de Isaías (Isaías 6:1-8) usó el término para describir a las criaturas de seis alas que vuelan alrededor del Trono de Dios gritando "santo, santo, santo". Esta escena del trono, con su triple invocación de la santidad (una formula que sería conocida como trisagio), influyó profundamente la teología, literatura y arte posterior. Su influencia suele verse en obras que muestran a ángeles, el paraíso y la apoteosis. Los serafines son mencionados como seres celestiales en una influyente obra helenística, el libro de Enoc, y el Libro de las Revelaciones.

Orígenes y desarrolloEditar

Giotto - Legend of St Francis - -19- - Stigmatization of St Francis.jpg

Visión de San Francisco

La palabra serafín aparece tres veces en la Torá (Números 21:6-8, Deuteronomio 8:15) y cuatro veces en el Libro de Isaías (6:2-6. 14:29, 30:6). En Isaías 6:2-6, el término es usado para describir un tipo de ser celestial o ángel. Los otros cinco usos se refieren a serpientes.

La visión del capítulo 6 de Isaías de los serafines en un Primer Templo de Jerusalén idealizado representa el único ejemplo en la Biblia hebrea en el que esta palabra se usa para describir seres celestiales. "[...] vi al Señor excelso y sublime, sentado en un trono; las orlas de su manto llenaban el templo. Por encima de él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban" (Isaías 6:1-2). Los serafines se decían entre sí "Santo, santo, santo es el Señor" y "Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria" (Isaías 6:3). Otro serafín entonces realiza el acto de purificación para el profeta tocando sus labios con unas brasas del altar (Isaías 6:6-7). El texto describe al serafín como un ser celestial alado con una intensa pasión en hacer la buena voluntad de Dios. A pesar de la expresión del texto, al menos un académico hebreo afirma que en la Biblia hebrea los serafines no tienen el rango de ángeles, y que solo en fuentes posteriores (Como De Coelesti Hierarchia o Summa Theologiae) son considerados como una división de los mensajeros divinos.

Serafín aparece en el libro de Enoc del siglo II a.C. donde son mencionados, junto con los querubines, como las criaturas celestiales que se sitúan más cerca del trono de Dios. También son llamados Ikisat (Etíope: አክይስት — "serpientes", "dragones"; un término alternativo para Infierno) que, junto con los querubines y el Paraíso, están bajo el mando de Gabriel. En el segundo libro de Enoc, dos clases de seres celestiales se equiparan al serafín y al querubín, conocidos como fenixes y chalkydri (del griego χαλκύδραι, compuesto de χαλκός "latón", "cobre" + ύδρα "hidra", "serpiente de agua" - literalmente "hidra bronceada", "serpientes de cobre"). Ambos son descritos como "elementos voladores del Sol" que residen en el cuarto o sexto cielo, que tienen doce alas y prorrumpen en cantos al amanecer.

En el Libro del Apocalipsis (4:4-8) se describe que los serafines están siempre en presencia de Dios y alabándole: "Día y noche repetían sin cesar: "Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era y que es y que ha de venir" Sin embargo, este relato difiere ligeramente de la versión de Isaías, afirmando en el octavo versículo "Cada uno de ellos tenía seis alas y estaba cubierto de ojos, por encima y por debajo de las alas". Aparecen también en el libro gnóstico cristiano Sobre el origen del mundo.

En el judaísmoEditar

El erudito del siglo XII Maimónides situó a los serafines en el 5º de los 10 rangos de ángeles en su exposición de la jerarquía angelical judía. En la Cábala, el serafín es el ángel de mayor rango del Mundo de Beri'ah ("Creación", primer reino creado, comprensión divina), cuya comprensión de la distancia de la divinidad absoluta de Atziluth causa su continuo "arder" en auto-anulación. A través de esto ascienden a Dios, y vuelven a su lugar. Bajo ellos en el mundo de Yetzirah ("Formación, creación arquetípica, emociones divinas) están los ángeles Hayot de la visión de Ezequiel, que sirven a Dios con emociones instintivas de auto-consciencia ("cara de un león, buey, águila"). Los serafines son parte de la angelarquía del judaísmo ortodoxo moderno. La visión de Isaías es repetida varias veces en los servicios judíos diarios, incluyendo el rezo Kedushah como parte de la repetición de Amidah, así como en otros rezos. El judaismo conservador retiene las doctrinas tradicionales respecto a los ángeles e incluye referencias en sus liturgias, aunque la creencia literal en los ángeles no es universal entre sus adeptos. Los adeptos del judaismo reformista y reconstruccionista generalmente toman imágenes de ángeles simbólicamente.

En el cristianismoEditar

Seraphim - Petites Heures de Jean de Berry.jpg

Serafines rodeando el trono divino en esta ilustración deLas pequeñas horas de Jean de Berry, un manuscrito ilustrado del siglo XIV, encargado por Juan I de Berry.

La teología cristiana medieval sitúa a los serafines en lo alto de la jerarquía angelical. Son los cuidadores del trono de Dios, cantando contínuamente "santo, santo, santo". Pseudo-Dionisio Areopagita en su Jerarquía Celeste (VII), se basó en el Libro de Isaías para corregir la naturaleza ardiente del serafín en la imaginación medieval. En su punto de vista, el Serafín ayudó a la deidad a mantener el orden perfecto y no está limitado en el canto del trisagio. Siguiendo su ejemplo así como la tradición rabínica, el autor dio al serafín la etimología de "los que avivan o calientan".

Cita inicio.pngAceptando esta clasificación de las santas jerarquías decimos que todo nombre dado a los espíritus celestes demuestra la propiedad deiforme de cada uno de ellos. Los que jerarquías están tomados de la Biblia hebrea: serafines (Is 16, 1-7) y querubines (Gén 4,24; Ez 10, 1-22).
Los que conocen el hebreo dicen que el santo nombre de los serafines significa o incendiarios o que enardecen, el nombre de querubines, "abundancia de ciencia" o "efusión de sabiduría". Con razón, pues, los más altos seres ejercen la primera jerarquía celeste, la de más alto rango de todas por estar situada inmediatamente en torno a Dios y por recibir, al estar la más próxima, más en su origen las manifestaciones primeras y las perfecciones de Dios. Se les llama, pues, a estos espíritus "enardecientes" y "tronos" y "efusión de sabiduría" haciendo uso de un nombre que revela su estado deiforme. Efectivamente, su eterno e incesamente movimiento en torno a las divinas realidades, el calor, lo penetrante y desbordante de ese eterno movimiento, continuo, firme y estable, y el poder que tienen de asemejar a los subordinados con ellos mismos elevándolos con energía, enardeciéndolos y prendiendo en ellos la llama que les lleva a conseguir un calor semejante al suyo, su poder purificador como un rayo o fuego abrasador, su aptitud para conservar su propia luz e iluminación evidente y sin merma, siempre de la misma forma, pues ella hace desaparecer y destruye todo lo que produce oscuras tinieblas, eso es lo que quiere revelar el nombre dado a los serafines
Cita final.png

~ Jerarquía celeste[1]


Tomás de Aquino en su Summa Theologiae ofrece una descripción de la naturaleza de los serafines:

Cita inicio.pngEl nombre serafín no viene solo de la caridad, sino del exceso de caridad, expresado por la palabra ardor o fuego. Por eso Dionisio (Coel. Hier. vii) expone el nombre serafín según las propiedades del fuego, conteniendo exceso de calor. Ahora en el fuego podemos considerar tres cosas.
Primero, el movimiento que es ascendente y continuo. Esto significa que nacen de manera inflexible hacia Dios.
Segundo, la fuerza activa que es "calor", que no se encuentra solo en el fuego, sino que existe con cierta agudeza, como siendo de la acción más penetrante, y alcanzando incluso las cosas más pequeñas, y por así decirlo, con un fervor desbordante; mediante el cual se significa la acción de estos ángeles, ejercido poderosamente sobre los que están sujetos a ellos, despertandoles como un fervor, y purificándolos totalmente por su calor.
Tercero consideramos el fuego una cualidad de claridad, o brillo; que significa que estos ángeles tienen en sí una luz inextinguible, y que también iluminan perfectamente a otros.
Cita final.png

~ Summa Theologiae[2]


El serafín tomó una función mística en Oratio de hominis dignitate (1487) de Pico della Mirandola, el epítome del humanismo renacentista. Pico tomó al feroz Serafín - "arden con el fuego de caridad"- como el mayor modelo de aspiración humana: "impaciente de cualquier segundo puesto, déjanos emular dignidad y gloria. Y, si lo queremos, debamos ser inferiores en nada a ellos", anunció el joven Pico, en la primera oleada de confianza optimista en la capacidad humana que es la moneda del Renacimiento. "En la luz de la inteligencia, meditando sobre el Creador en Su obra, y la obra en su Creador, debemos resplandecer con la luz de un Querubín. Si ardemos con amor por solo el Creador, su fuego consumidor nos transformará rápidamente en un estado ardiente como el Serafín".

Buenaventura de Fidanza, un teólogo franciscano contemporáneo a Aquino, usó las seis alas del Serafín como un importante constructo analógico en su obra mística El viaje a la mente de Dios.

ReferenciasEditar

  1. Areopagita, Pseudo Dionisio. «Jerarquía Celeste. Capítulo VII», Obras completas, pp. 187-189. Consultado el 3 de junio de 2016.
  2. Aquino, Tomás de. Summa Theologiae. Consultado el 3 de junio de 2016.

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