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Ijana de Aras

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Siguiendo nuestra guía de leyendas e historias de Cantabria, dirigimos hoy nuestra nave hacia un valle y unos seres especialmente queridos por mi, en ellos encontramos e imaginamos historias de Anjanas y Trasgos rememorando los cuentos que en nuestra niñez poblaron nuestra precoz imaginación y alimentan aún hoy los ensueños de una humanidad infantil. No olvides querido lector, la próxima vez que pases por la Autovía del Cantábrico al llegar a la altura de la Junta de Voto, desviarte y conducir por alguna de sus carreteras y hacer una pequeña parada en el arcén, adentrarte entre la maleza del valle y allí esconderte, quizás en la espesura de la tarde puedas ver a una hermosa Anjana (Ijana) atusar con peine de oro y marfil sus preciosa cabellera....no lo crees??? Prueba.....

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Saludos y paz

Nos encontramos en esta ocasión con la presencia del ser bondadoso y efigie de la belleza en Cantabria: la Anjana. Éstas “hadas buenas” de Cantabria plagan nuestra historia y nuestras leyendas por toda nuestra tierruca. Simplemente haremos una descripción muy sucinta de estos seres perfectos ya que en este receptáculo de ideas que es este blog albergamos la humilde esperanza de dedicar una parada íntegra a estos seres buenos del bosque. Hoy nos ceñiremos las historias de las del Valle de Aras, no sin describir a las Anjanas –Ijanas- como un ser bondadoso por naturaleza, y de gran belleza . Si alguien se pierde en el bosque no dudará en ayudarle, además si la gentuca honrada necesita de sus servicios, jamás dudará en ofrecerse. Los lazos de seda se entremezclan entre sus largos y rubios cabellos, conjuntados con sus vestimentas, también de seda blanca. Aquellos que la han visto dicen que lleva sandalias, otros que van descalzas, pero no cabe duda de que su porte y hermosura hacen que este dato sea secundario. El báculo que portan posee increíbles poderes mágicos, y se sabe que con solo tocar a cualquier bestia del campo apacigua su mal humor. Además sus poderes curativos han salvado la vida a más de un peregrino herido de gravedad en alguna cambera. Se pasan el tiempo recorriendo las sendas y caminos, sentándose a descansar cerca de las fuentes y arroyos que parecen cobrar vida a su paso. No es extraño verla conversar con las aguas, las cuales fluyen con más alegría a su paso. En todo este tiempo ayuda a los pastores, a los animales pues de hecho el corazón de las Anjanas es una rosa de gran tamaño con muchas gotas de miel y un rocío que se dice son lágrimas de la madre Dana.

Una vez vistas como son nuestras queridas Anjanas, hemos de decir que las Ijanas del Valle de Aras también son Anjanas, pero más particulares. A diferencia de las otras son golosas y glotonas. También son especialmente pícaras y les encanta hacer travesuras. Unas veces ocultan las cosas, otras, mueven los carros y cuando entran en las casas gozan revolviendo todos los armarios. Unas llevan capa negra y otras andan semidesnudas. Todas tienen un pecho muy grande que se echan sobre el hombro derecho y les cuelga por la espalda, mientras que largos cabellos rubios les cubren el cuerpo. Dentro de este valle mítico de Cantabria, cuenta su leyenda más popular que en una cueva de San Pantaleón vivían unas Ijanas respetadas por todos, pero el cura las trataba por brujas y aprovechaba los sermones para echarles la culpa de todo cuanto de malo ocurría en el valle. Ellas, ofendidas, entraban en la casa del cura, que estaba en el barrio de la Quintana, y lo revolvían todo esparciendo por las habitaciones las perolas, los atizadores y trébedes. Cuando llegó la matanza, las Ijanas escondieron todos los cuchillos y el cura tuvo que acudir a un pueblo cercano para conseguir uno con el que poder matar el chon. Al día siguiente, mientras el cura decía la misa, las Ijanas entraron en la casa y se llevaron las morcillas. Cuando regresó el cura, encontró que de la vara de la cocina colgaban las sotanas, bonetes y alzacuellos.Ayudado por un vecino, el cura amontonó varios carros de rozo a la entrada de la cueva y le pegó fuego.Todos creían que las Ijanas habían perecido abrasadas, pero a los pocos días la casa del cura apareció rodeada de tanto rozo que llegaba a las ventanas. Dicen que ellas no encontraron un tizón con el que pegar lumbre y que eso salvó al cura.

Hoy en día podemos ver a estas peculiares Anjanas corriendo los senderos de los bosques y en las noches claras se acercan a las casas y se asoman a las ventanas. Pero, hoy en día, donde más se hacen presentes es en la mente de los niños cuando, organizando alguna aventura, se acercan temerosos a la entrada de la Cueva de las Ijanas. Desde allí las llaman a grandes voces y tras lanzar algunas piedras huyen en desbandada. Despavoridos saltan las cercas de los prados y no cesan de correr hasta sentirse seguros cerca de las casas del pueblo.

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