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Aldara

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Cierva blanca.jpg

Aldara, la cierva blanca, es la protagonista de "La doncella cierva" que dio a conocer Manuel Amor Meilán en el volumen de Lugo de la Geografía del reino de Galicia[1]. Se trata de una joven que se transforma en cierva y es abatida por su amante sin que este lo sepa.

HistoriaEditar

Hace mucho tiempo, en el castillo de Doiras(Cervantes) moraba un caballero de nombre Froiaz, con dos hijos: Egas y Aldara. Aras, el hijo de otro señor de un castillo cercano se enamoró de Aldara. Su amor fue correspondido y con el consentimiento de los padres se anunció la boda. Pero una tarde, Aldara desapareció del castillo, un ballestero trajo noticias diciendo que la había visto dirigirse a media mañana hacia el riachuelo cercano. Padre y hermano, criados y escuderos, e incluso su enamorado acompañado de sus gentes, fueron en su busca por montes y bosques, por chozas y caseríos...Después de algunos días de búsquedas infructuosas consideraron definitiva la pérdida de Aldara imaginándosela malherida por algún jabalí, algún oso o devorada por los lobos.

Muchos años más tarde Egas, estando de caza en el monte de Galo Monteiro, divisó a una hermosa cierva blanca. De un único y certero disparo terminó con la vida del animal, pero no se había percatado que era imposible llevarla al castillo por su peso excesivo (o tal vez, porque la nieve dificultaba el transporte), así que le cortó la pata delantera (para señalar que el animal le pertenecía o para mostrar un trofeo que diese cuenta de su hazaña). Y cuando fue a mostrarle a su padre la pata de la cierva, contándole el éxito obtenido, atemorizados, vieron cómo lo que Egas sacó de la bolsa fue una mano; una mano fina, blanca, suave; una mano de doncella hidalga. Y en uno de los dedos de aquella mano relucía un hermoso anillo de oro con una piedra roja.

Froiaz y Egas se acordaron de que aquel era el anillo de Aldara. Con ánimo dolorido corrieron hacia la cima del monte, hacia el lugar donde Egas había matado a la cierva. Allí encontraron, tendido en el suelo el cadáver de Aldara, a quien le faltaba una mano.

Según cuenta la leyenda, algún mouro debió de encantarla en figura de cierva, y la muerte se encargó de devolverla a su estado natural, doncella. Pero jamás se pudo saber el motivo.

TrasfondoEditar

La historia pudo tener un trasfondo grecolatino. En la mitología griega, Acteón podía transformarse en ciervo. Para algunos autores, termina destrozado por sus propios perros como castigo de Zeus por enamorarse de Sémele. Según otros, Artemisa lo convierte en ciervo cuando la ve bañándose junto a su séquito de ninfas, siendo igualmente despedazado por su jauría.[1]

El motivo del ciervo también se encuentra presente en la Biblia y el Tanaj:

Cita inicio.png«¡La voz de mi amado!
Helo aquí que ya viene,
saltando por los montes,
brincando por los collados.
Semejante es mi amado a una gacela,
o a un joven cervatillo»Cita final.png

~ Cantar de los cantares


También en los salmos:

Cita inicio.png«Como jadea la cierva tras las corrientes de agua, así jadea mi alma en pos de ti, mi Dios. Tiene mi alma sed de DiosCita final.png

~ Salmo 42


En todos los casos anteriores, el ciervo representa al enamorado. El motivo del ciervo sigue presente en siglos posteriores. En la poesía medieval, cuando el ciervo busca la fuente evoca el deseo del enamorado de encontrarse con su amada. Esto se debe a que en la época de celo, el ciervo se despoja de su timidez y lucha por la hembra.[1]

Esa identificación del ciervo con el amante siguió viva en la edad media en Portugal y Galicia en la obra de Johan Mendiz de Briteiros, de Vidal y de Pero Meogo. Sin embargo, esta costumbre no permaneció aislada a esta región sino que se puede observar en el resto de Europa, como en el sonetto CXC del Cancionero de Francesco Petrarca:[1]

Cita inicio.pngSobre la hierba, candida una cierva
con sus dos cuernos de oro vi mostrarse,
debajo de un laurel, entre dos ríos,
saliendo el sol en la estación florida.Cita final.png

~ Cancionero. Sonetto CXC


En las historias de ciervas blancas, es decir, mujeres cuya belleza se traduce como palidez, siempre está presente el cazador, el hombre que conquista a la dama. En algunos ejemplos, como los lais bretones «Tyolet» y «Graelent» el ciervo es quien guía hacia la dama, es decir, no hay transformación. En versiones en otros idiomas de la misma leyenda, como la francesa "Margarita o la cierva blanca", su hermano la mata y se alimenta de ella. El alimentarse de un pariente, basándose en la comparación del placer de comer con el placer sexual, se considera una muestra de incesto. Además, la mano de la cierva alude al compromiso. Así, la leyenda gallega de forma simbólica trata el amor incestusoso de dos hermanos unidos por un compromiso propio de una pareja casada. En definitiva, esta leyenda, basandose en la tradición anterior, compara la cierva blanca con la mujer ideal, pálida y hermosa.[1]

FuenteEditar

ReferenciasEditar

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 Mariño Ferro, Xosé Ramón (en español). La cultura tradicional gallega: la leyenda de la cierva blanca. Universidad de Santiago de Compostela. http://ruc.udc.es/bitstream/2183/12901/1/CC-98_art_8.pdf. 

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